Esta es mi historia...
Comienza con la ilusión de un niño de 9 años por seguir la tradición de una cultura que, por entonces, no sabía muy bien de donde venía. Sólo veia imágenes que parecían más grandiosas de lo que me parecen ahora, y sobre todo una música que me ponía los pelos de punta, me hacía vibrar. Sentía que debía ser parte de todo aquello. Recuerdo como mi abuela me dió un sobre con 25.000 pesetas el día de mi Primera Comunión para que me comprase un tambor para cumplir mi ilusión. Estaba más cerca. Aún recuerdo el día que mi madre me llevó, pidiendo una vacante de tambor para mí. Por aquel entonces, mis oidos eran demasiado sensibles, tenía una enfermedad que no sabría describir, y por miedo mi madre prefería que tocase un tambor. Cuando llegamos allí, para su decepción no había ninguna plaza para mí en ese sector. Tenía que empezar a cumplir mi sueño desde otro balcón, y aunque mi madre no parecía muy conforme, accedió ante mi insistencia. Supongo que le conmovió mi ilusión. Recuerdo también cuando compraron mi primer instrumento, 9.000 pesetas. Una corneta, que ni siquiera llegaba a la calidad de ser "Honsuy". No importaba, solo importaba hacerla sonar. Y así empezó todo...
Puse todo mi esfuerzo, y ese mismo año conseguí salir tocando. Acababa de cumplir mi objetivo. En los años posteriores fui creciendo poco a poco, hasta que pude comprar mi primera "corneta de pistón", creo que fueron unas 17.000 pesetas. Qué ilusión corría por mis venas... Lo que me quedaba por delante. Poco a poco fue pasando el tiempo, y sobre los 14 o 15 años pude ser testigo del giro que sufrió toda aquella grandeza. Todo se vino abajo. Yo no sabía muy bien porqué ocurría, pero tenía una cosa clara, un principio: "quién me vió nacer, me verá morir". Pobre iluso. Poco a poco fueron pasando los años y me iba haciendo más grande, y no solo cronológicamente. Mi edad aumentaba, mis capacidades también. Finalmente,con 17 años y sin darme cuenta siquiera, me vi al frente de todos, si quería continuar debería enfrentarme a ello y hacer cara al fracaso. Cada día menos gente, cada día menos apoyo. Era difícil, pero ahí estaba yo, junto con aquellos que pensaban de la misma forma. Al fin y al cabo, sólo había un principio.
Aún puedo recordar los momentos de nervios antes de cada salida. El cosquilleo en mi estómago al ponerme el uniforme... La sensación al llegar al punto de partida. La emoción de ver salir a la imagen. La tensión al sonar la primera marcha. Y la tranquilidad al haberla interpretado bien... Todavía puedo sentirlo.
Sin embargo, había algo que me superaba, y no era otra cosa que mi ambición, mis ganas de aprender: mis ganas de superarme a mí mismo... Poco a poco fue pasando el tiempo, y mi interés iba en aumento. Conseguimos que gente nos ayudase a progresar. Qué agradecido les estoy. Lo que ellos pusieron era entrega, sacrificio y eso vale más que el dinero que se les pudiera dar. Y de qué manera han ido saliendo por la puerta pequeña. Como tantos otros. Debo estarles muy agradecido, porque me permitieron vivir nuevas experiencias, en otros lugares que se alejaban de la realidad en la que vivimos aquí. Allí pude saborear un sentimiento mayor al que conocía hasta la fecha... Allí me dí cuenta de lo que verdaderamente era sentir pasión. Y quería vivirlo aquí también.
Tras 3 o 4 años mis ganas seguían en aumento, asique puse mi mente a trabajar para mejorarlo todo. Cada detalle estaba en perfecta concordancia con el siguiente, y si no era factible, alguien me ayudaba a rectificar o a enfocarlo desde otro punto de vista... Pero al final, lo tenía todo perfectamente hilbanado. Era perfecto. Sólo necesitaba apoyo y tiempo.
Se nos presentó una ocasión perfecta, frente a muchísima gente, y eran muy pocos los que pensaban que estuviésemos a la altura. Pero ahí estabamos, danto todo cada rato que echábamos. Y sonamos como nunca... aún puedo sentir la satisfacción y el calor de los aplausos.
Todo estaba en armonía, sólo quedaba hacerlo saber al resto, así que nos pusimos manos a la obra. Y qué bien nos hubo de quedar... todo el mundo salió maravillado, con sonrisas de oreja a oreja. Solo faltaba subir unos escalones, mostrarselo a la gente importante, los que deberían haberlo hecho realidad. Y llegó el día. Hubo que aguantar el chaparrón, pero allí estábamos, unidos por una ilusión, tragando saliva y pidiendo ayuda. Sólo queríamos ser autosuficientes, pero no logramos todo cuanto hubieramos deseado. No obstante, con lo que teníamos nos pusimos a darle vueltas a todo de nuevo, sólo necesitabamos más tiempo.
Comenzaron los preparativos administrativos, fueron muchas personas las que estaban dispuestas a luchar y a apoyarnos. Y allí estábamos, reconocidos oficialmente. Había nacido una nueva asociación: Los 7 Puñales. Y empezando a funcionar hasta fuera de nuestras fronteras. Lo curioso es que desde ese día todo empezó a menguar. Mi lucha se trasladó a muchos frentes que al fin y al cabo no estaban dispuestos a ceder.
Nos pusimos a trabajar en lo terrenal, que era lo más importante. Pero la verdadera batalla estaba dentro, y estaba perdida. Descubrí que aquellas sonrisas no eran más que simples máscaras. Todos se iban borrando sin mediar palabra. Después de todo, sus ansias de progreso desaparecieron sin más... No podía más. Todo mi esfuerzo, todo mi tiempo y toda mi ilusión eran absorbidos por la decepción. Mi báscula empezó a volcarse hacia un lado, y no la igualaba por mucho que me empeñase en llenarla con ganas... Mi camino había llegado a su fin, y creeme, más me dolió a mí.
Nunca deseé mal a nadie, todo lo contrario.
Sin embargo, parece que alguien está en mi contra. Nunca he pedido medallas, pero que a uno le reconozcan su trabajo es de agradecer. En lugar de ello, veo cómo se borran años de historia haciendo un vacío a aquellos que en algún momento sintieron ansias de euforia y quisieron llevarlo todo a lo más alto. Hasta he sido rechazado...
Y desde estos días, en los que he vuelto a reencontrarme, solo puedo pensar una cosa: quien te ha visto y quien te ve. Ojalá algún dia prime la ambición en lugar de la ignorancia. Aunque lo dudo mucho. Sólo hubiera deseado que el día que yo volé lejos de tí, me hubiera llevado el nombre con el que te bauticé conmigo, así te vería morir maquillada, y siendo asesinada a manos de otros que no te quieren lo que yo te quise.
martes, 26 de abril de 2011
domingo, 20 de marzo de 2011
martes, 8 de marzo de 2011
La positivamente negativa "desamistad"
Últimamente he estado dandole muchas vueltas al tema de la amistad. ¿Qué es la amistad? Según nuestro gran recurso lingüístico, el diccionario de la RAE, "amistad" es afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Me parece una descripción muy breve y acertada. Como bien dice, la amistad debe nutrirse con el trato, es decir con el constante contacto entre personas, que simplemente buscan las unas de las otras afecto a cambio de nada, y así cada una de las personas que rodean un círculo de amistades. En el momento en el que deja de ser así, de no alimentarse reciprocamente una amistad, ¿qué ocurre? Obviamente el antónimo de este término es "enemistad", con lo cual me hubiera gustado que nuestra lengua tuviese un término que en este sentido adquiriese un significado positivamente negativo, es decir, la existencia del término "desamistad", cuyo significado sería: debilitación de los lazos afectivos entre dos o varias personas, generalmente causados por la falta de contacto o la aparición de intereses no compartidos por los miembros de un círculo afectivo.
Echando la vista atrás, jamás pude imaginar que algún día inventaría una palabra con este significado. Hace apenas unos años, todo era unión, sentía que nadie me podría fallar, que podría apoyarme en cualquiera si lo necesitaba... Como cambian las cosas.
Ahora de vez en cuando echo un vistazo a la agenda de mi teléfono, y cada vez disminuye esa lista. Tengo la sensación de que son muy pocos los números que podrían ayudarme cuando verdaderamente lo necesitara. Nunca lo hubiera imaginado.
El trabajo, los estudios, las metas y ambiciones que cada uno tiene lo dirigen por un camino. Es probable que haya gente que se aleje un poco, pero siento que muchos se encuentran a varios kilómetros. Nunca lo hubiera imaginado. Qué lástima.
Hace poco mientras hablaba con alguien, me di cuenta de algo muy importante. Comentaba que de la inmensa mayoría de personas que había en un bar, yo no tendría problemas en estar con ellos tomandome una copa porque me llevo bien con todo el mundo... y las palabras en negrita fueron claves. Mi mente las subrayó. Me di cuenta de que estaba sólo en medio de un montón de gente, porque de todos ellos, nadie o casi nadie me tendería una mano cuando la necesitase.
Y lo que más me entristece de todo, es que cuando miro hacia arriba desde el suelo, veo muy poquitas manos a las que agarrarme.
No quiero decir que nadie se alegre o se entristezca por mi. Pero el día a día me deja perplejo. Esa alimentación de la amistad llevo tiempo sin sentirla. No me gustaría que estas palabras fuesen malinterpretadas y cayeran en mentes retorcidas. No quiero alejarme de nadie, al contrario, quiero acercarme de nuevo. Quiero sentirme valorado, y quiero que todo el mundo entienda que la amistad siempre es compatible con todo. A no ser que nos empeñemos en creer que no. Entonces ya no hay nada que hacer.
Gracias a todos, pero gracias a los que están a mi lado cuando más los necesito. Y sobre todo GRACIAS a tí, cara.
Echando la vista atrás, jamás pude imaginar que algún día inventaría una palabra con este significado. Hace apenas unos años, todo era unión, sentía que nadie me podría fallar, que podría apoyarme en cualquiera si lo necesitaba... Como cambian las cosas.
Ahora de vez en cuando echo un vistazo a la agenda de mi teléfono, y cada vez disminuye esa lista. Tengo la sensación de que son muy pocos los números que podrían ayudarme cuando verdaderamente lo necesitara. Nunca lo hubiera imaginado.
El trabajo, los estudios, las metas y ambiciones que cada uno tiene lo dirigen por un camino. Es probable que haya gente que se aleje un poco, pero siento que muchos se encuentran a varios kilómetros. Nunca lo hubiera imaginado. Qué lástima.
Hace poco mientras hablaba con alguien, me di cuenta de algo muy importante. Comentaba que de la inmensa mayoría de personas que había en un bar, yo no tendría problemas en estar con ellos tomandome una copa porque me llevo bien con todo el mundo... y las palabras en negrita fueron claves. Mi mente las subrayó. Me di cuenta de que estaba sólo en medio de un montón de gente, porque de todos ellos, nadie o casi nadie me tendería una mano cuando la necesitase.
Y lo que más me entristece de todo, es que cuando miro hacia arriba desde el suelo, veo muy poquitas manos a las que agarrarme.
No quiero decir que nadie se alegre o se entristezca por mi. Pero el día a día me deja perplejo. Esa alimentación de la amistad llevo tiempo sin sentirla. No me gustaría que estas palabras fuesen malinterpretadas y cayeran en mentes retorcidas. No quiero alejarme de nadie, al contrario, quiero acercarme de nuevo. Quiero sentirme valorado, y quiero que todo el mundo entienda que la amistad siempre es compatible con todo. A no ser que nos empeñemos en creer que no. Entonces ya no hay nada que hacer.
Gracias a todos, pero gracias a los que están a mi lado cuando más los necesito. Y sobre todo GRACIAS a tí, cara.
Etiquetas:
desamistad amistad juanki positiva negativa
jueves, 30 de septiembre de 2010
De vuelta al Cole

Muchas veces nos vienen a la memoria aquellos días en los que éramos pequeños.
Cuando nos levantabamos temprano para vestirnos, desayunar, y ponernos esa mochila que para cada uno de nosotros sin duda era la mejor de todo el colegio. Luego llegábamos a ese lugar donde compartiamos asiento al lado de nuestros compañeros de siempre... Lo pasabamos bien. Además, cada dos años (en mi caso), nos tocaba un profesor/a diferente que parecía conocernos como si nos hubiera dado a luz él/ella mismo/a. Era capaz de sacar de nosotros lo mejor, y a veces lo peor.
En este curso, me ha tocado de nuevo volver al cole. He vuelto a esas aulas que me han visto crecer. Que tanto me han enseñado. Donde tanta risa he pasado con mis compañeros. Donde muchas veces he temblado por las notas. El olor a punta recién sacada, a goma de borrar, las manchas de tiza (aunque ahora también tenemos pizarras electrónicas), las mesas rotas y talladas con nombres, las pintadas de nombres con tipex en la fachada del colegio, las pistas de fútbol... Fue impresionante volver a pisar un aula de aquel colegio, incluso ver alguna mesa que yo mismo había ocupado. Sin embargo, me ha tocado cambiarme de bando. Ahora puedo ver las entrañas del colegio. Compartir charlas y cafés con aquellos que empezaron a formarme académicamente. Y en cierto modo aún me están enseñando, pero a ver la vida desde ese otro lado. Como desde el principio, sigue habiendo buenos y malos maestros. Están aquellos que parecían buenos y son buenos, los que parecían malos y son buenos, y los que parecían malos y son malos. Algunos no cambian nunca...
La diferencia de mi vuelta al cole es que ahora tengo que sentir lo que sentían aquellos maestros encargados de evaluarnos. Y me doy cuenta, de una forma más sencilla qué profesores tratan a sus alumnos como mercancía... Se refleja en ellos mismos. Y apenas llevo dos semanas. Tengo la sensación de que he acertado de lleno con la profesión que he elegido. Esta es mi vocación. Y lo digo porque no hay nada más gratificante que ver un alumno aprender, que ver como un niño te muestra su cariño, ver como aquel torpe se supera a sí mismo... Creo que cuando consiga mi puesto seré feliz... Me sentiré muy realizado y orgulloso de que ellos den el primer paso hacia sus sueños.
lunes, 5 de abril de 2010
La Vida, cristal de bohemia.
Todos, de alguna forma u otra, hemos hecho una breve reflexión acerca de lo que conocemos como vida... Es cierto, debemos vivirla lo más feliz posible. Y en la mayoría de las ocasiones no sabemos apreciar el valor de aquellos momentos que vivimos. Lo que siempre cuenta son los "momentos de calidad", pues siempre estarán ahí. Al fin y al cabo, ¿de qué vale no recordarlos? Es lo más gratificante que nos queda.
En días como el de hoy, yo mismo me asombro de la fragilidad que es la vida. Como puede cambiarte de un momento a otro, en cuestión de horas, minutos, segundos... No sabemos cuál es el precio que podemos pagar tan solo por la rutina, y después de todo, debemos estar agradecidos. Cualquier momento cotidiano, monótono, puede ser el más letal, y pasar de eso que hago siempre a eso que jamás haré. Solo debemos ser coscientes de que en cualquier momento, aquello que más queremos puede irse para siempre, dejandonos fuera de juego. Y por fuerza propia, debemos afrontarlo.
Es increible, indignante, pero es así.
Recuerdo que cuando era pequeño, sentía que nada podría arrebatarme mi vida, mi ser, eso que yo conocía como consciencia de vida. Un concepto abstracto pero sencillo en la mente de un niño. Era capaz de imaginarme a mi mismo en situaciones adversas logrando salir ileso. Me sentía fuerte, poderoso. A medida que crecí, me dí cuenta de que todo aquello se desmoronaba paulatinamente. Ahora, me doy cuenta de la fragilidad que envuelve al ser humano. En cualquier momento nos convertimos en víctimas de decisiones propias, o ajenas. Es imposible predecirnos qué puede sucedernos. Estamos nosotros y nuestras ganas vivir, el resto nunca se sabe.
Es importante rodearnos de gente que nos quiere, que nos necesita, y que necesitamos. Siempre estarán ahí, y siempre estaremos dispuestos para las necesidades mutuas. Por eso, cuando la vida de alguien se desmorona, es importante demostrar que estarás a su lado para superar cualquier cosa. Es importante demostrar que tu mano y tu hombro están dispuestos a regalar ayuda. Y es importante, levantar a aquel que encontramos en el suelo.
Hoy, más que nunca, tengo muy claras mis prioridades. Estar en lo bueno y en lo malo, y así se me corresponderá cuando yo sea el que se derrumba. Gracias al amor mutuo entre las personas.
Apreciar los "momentos de calidad" en cuanto nos sea posible, disfrutar de ellos y seguir intentando encontrarlos, es un regalo del cielo. Puede que cuando algo suceda, estos recuerdos sean nuestro peor enemigo, pero después se convierten en el mayor de los privilegios...
Es un placer poder vivir, y amar la vida. Porque aunque la vida venga con fecha de caducidad, el amor es eterno, y es lo único que tenemos los unos con los otros.
martes, 23 de febrero de 2010
Yo, soy Europeo y del Mundo.

Tras varios años haciendo intentos en vano por conseguir mi "libertad penínsulera", por fin me llegó el momento... No ha sido a un lugar lejísimos, ha sido al país vecino, pero eso sí, a la ciudad del amor. Preciosa. Pero no tan preciosa como la persona que me llevó de la mano hasta ella... Ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida, y como primer viaje, siempre lo recordaré con más cariño que ningún otro. La Tour Eiffel, el Arco del Triunfo, la Venus de Milo, la Victoria de Samotracio, Notre Dame, la Libertad guiando al pueblo...
Al margen de lo bonito de la ciudad, la maravillosísima compañía que me acompañaba (y lo hará a todos los rincones del mundo), lo más bonito es darte cuenta de que siempre hay más allá. De que vale la pena viajar, ver, sentir y admirar. Ver que todo eso que siempre vemos en los libros, o en las imágenes de la red, puede plasmarse en nuestra retina. No importa si es todo lo que esperábamos o no, lo importante es que hay que vivir la experiencia de vivir.
Me he dado cuenta que no solo soy ciudadano de España, también lo soy de Europa, y por supuesto del Mundo. De la importancia de saber comunicarte con aquello que quieres, y no sólo oralmente (que también es muy importante). Y sobre todo, de que la compañía debe ser siempre especial. Supongo que estar inmersos en una lengua diferente nos ha hecho reflexionar, y darnos cuenta de que todo es poco, y que somos capaces de lo que queremos (en tres días hemos progresado más el inglés que en 22 años).
El Mundo está ahí, esperando a que vayamos a visitarlo...
jueves, 28 de enero de 2010
Los 7 Puñales

Este es el fin... Otras veces han habido muchos finales, pero este es el definitivo. Lo siento, de verdad. Siempre es duro dejar aquello en lo que crees, aquello por lo que luchas, pero cuando ya no puedes dar más, no merece seguir luchando.
Puede parecer que me estoy rindiendo, pero no es del todo cierto. Simplemente desisto. Desisto de regalar mi ilusión, mi entrega, y en definitiva mi cariño, a quien no me devuelve nada a cambio. Por mi parte, pesan más las decepciones que las alegrias, y eso no es justo. Lo he dado todo sin recibir nada. Sentí ganas de llorar, por tantísimos años de entrega y lucha, siempre apostando por la tradición y por regalar a este pueblo algo que yo creí que merecía. Y muchas personas lo merecen, pero he decidido que yo no voy a dárselo.
No he abandonado a nadie, eso que quede bien claro, simplemente no doy más de sí. Soy yo el que me siento abandonado. Siempre he intentado hacerlo lo mejor posible, pero creo que no he sabido crear ese ambiente favorable y de unión para que todos nos hubieramos implicado. Lo he intentado todo, y he fracasado. No voy a seguir derrochando mi tiempo, y mi dedicación, si cuando acabo no me siento lleno, satisfecho. No quiero que nadie se moleste, quiero que comprenda que no puedo seguir adelante. Tengo mi vida, mis ambiciones, y unas ganas de aprender que me superan. Y me siento oprimido, por personas (que yo considero buenas) pero que no comparten los mismos sentimientos ni los mismos principios que yo...
Como dijo un día el Rey del Pop, un maestro en el mundo de la música "El mayor pecado de todos los pecados es recibir un don y no cultivarlo, para que crezca, ya que el talento es un regalo divino". Mi objetivo era que todos juntos hubieramos hecho ese esfuerzo por realizarnos, pero ha sido imposible. He intentado que cada uno de los miembros se sienta implicado, pero ha sido imposible.
Además de todo esto, sé que muchos pensarán: "Después de todo esto, ahora lo deja". Pues con más razón. Hemos implicado a mucha gente, que ha apostado por nosotros, hemos rellenado un montón de papeles, e incluso muchas personas han invertido en nosotros con toda su buena fe. Y, a parte de mí, toda esa gente también está siendo engañada. Están dando, y no van a recibir, y yo no quiero engañar a nadie... Lo hemos ofrecido todo en bandeja, masticado, sólo tenían que tragarlo... Ha sido imposible. Yo quise quedarme para aprender aquí, aunque hubiera estado dispuesto a irme, aposté por esto. Y nada. No se puede jugar así con las personas.
Espero que todo salga bien, y si mi marcha os hace trabajar más y más duro, me alegraré, pero me decepcionaré más. Porque eso significará que nunca me respetasteis...
Quiero resaltar la pasión y la fe que he tenido siempre en esta banda, y que la llevaré siempre a fuego dentro de mí... Y que mi creación (aunque muchos me hayais ayudado) siempre vaya por delante representando a este pueblo. Un abrazo para todos.
Hasta siempre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
