martes, 8 de marzo de 2011
La positivamente negativa "desamistad"
Últimamente he estado dandole muchas vueltas al tema de la amistad. ¿Qué es la amistad? Según nuestro gran recurso lingüístico, el diccionario de la RAE, "amistad" es afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Me parece una descripción muy breve y acertada. Como bien dice, la amistad debe nutrirse con el trato, es decir con el constante contacto entre personas, que simplemente buscan las unas de las otras afecto a cambio de nada, y así cada una de las personas que rodean un círculo de amistades. En el momento en el que deja de ser así, de no alimentarse reciprocamente una amistad, ¿qué ocurre? Obviamente el antónimo de este término es "enemistad", con lo cual me hubiera gustado que nuestra lengua tuviese un término que en este sentido adquiriese un significado positivamente negativo, es decir, la existencia del término "desamistad", cuyo significado sería: debilitación de los lazos afectivos entre dos o varias personas, generalmente causados por la falta de contacto o la aparición de intereses no compartidos por los miembros de un círculo afectivo.
Echando la vista atrás, jamás pude imaginar que algún día inventaría una palabra con este significado. Hace apenas unos años, todo era unión, sentía que nadie me podría fallar, que podría apoyarme en cualquiera si lo necesitaba... Como cambian las cosas.
Ahora de vez en cuando echo un vistazo a la agenda de mi teléfono, y cada vez disminuye esa lista. Tengo la sensación de que son muy pocos los números que podrían ayudarme cuando verdaderamente lo necesitara. Nunca lo hubiera imaginado.
El trabajo, los estudios, las metas y ambiciones que cada uno tiene lo dirigen por un camino. Es probable que haya gente que se aleje un poco, pero siento que muchos se encuentran a varios kilómetros. Nunca lo hubiera imaginado. Qué lástima.
Hace poco mientras hablaba con alguien, me di cuenta de algo muy importante. Comentaba que de la inmensa mayoría de personas que había en un bar, yo no tendría problemas en estar con ellos tomandome una copa porque me llevo bien con todo el mundo... y las palabras en negrita fueron claves. Mi mente las subrayó. Me di cuenta de que estaba sólo en medio de un montón de gente, porque de todos ellos, nadie o casi nadie me tendería una mano cuando la necesitase.
Y lo que más me entristece de todo, es que cuando miro hacia arriba desde el suelo, veo muy poquitas manos a las que agarrarme.
No quiero decir que nadie se alegre o se entristezca por mi. Pero el día a día me deja perplejo. Esa alimentación de la amistad llevo tiempo sin sentirla. No me gustaría que estas palabras fuesen malinterpretadas y cayeran en mentes retorcidas. No quiero alejarme de nadie, al contrario, quiero acercarme de nuevo. Quiero sentirme valorado, y quiero que todo el mundo entienda que la amistad siempre es compatible con todo. A no ser que nos empeñemos en creer que no. Entonces ya no hay nada que hacer.
Gracias a todos, pero gracias a los que están a mi lado cuando más los necesito. Y sobre todo GRACIAS a tí, cara.
Echando la vista atrás, jamás pude imaginar que algún día inventaría una palabra con este significado. Hace apenas unos años, todo era unión, sentía que nadie me podría fallar, que podría apoyarme en cualquiera si lo necesitaba... Como cambian las cosas.
Ahora de vez en cuando echo un vistazo a la agenda de mi teléfono, y cada vez disminuye esa lista. Tengo la sensación de que son muy pocos los números que podrían ayudarme cuando verdaderamente lo necesitara. Nunca lo hubiera imaginado.
El trabajo, los estudios, las metas y ambiciones que cada uno tiene lo dirigen por un camino. Es probable que haya gente que se aleje un poco, pero siento que muchos se encuentran a varios kilómetros. Nunca lo hubiera imaginado. Qué lástima.
Hace poco mientras hablaba con alguien, me di cuenta de algo muy importante. Comentaba que de la inmensa mayoría de personas que había en un bar, yo no tendría problemas en estar con ellos tomandome una copa porque me llevo bien con todo el mundo... y las palabras en negrita fueron claves. Mi mente las subrayó. Me di cuenta de que estaba sólo en medio de un montón de gente, porque de todos ellos, nadie o casi nadie me tendería una mano cuando la necesitase.
Y lo que más me entristece de todo, es que cuando miro hacia arriba desde el suelo, veo muy poquitas manos a las que agarrarme.
No quiero decir que nadie se alegre o se entristezca por mi. Pero el día a día me deja perplejo. Esa alimentación de la amistad llevo tiempo sin sentirla. No me gustaría que estas palabras fuesen malinterpretadas y cayeran en mentes retorcidas. No quiero alejarme de nadie, al contrario, quiero acercarme de nuevo. Quiero sentirme valorado, y quiero que todo el mundo entienda que la amistad siempre es compatible con todo. A no ser que nos empeñemos en creer que no. Entonces ya no hay nada que hacer.
Gracias a todos, pero gracias a los que están a mi lado cuando más los necesito. Y sobre todo GRACIAS a tí, cara.
Etiquetas:
desamistad amistad juanki positiva negativa
jueves, 30 de septiembre de 2010
De vuelta al Cole

Muchas veces nos vienen a la memoria aquellos días en los que éramos pequeños.
Cuando nos levantabamos temprano para vestirnos, desayunar, y ponernos esa mochila que para cada uno de nosotros sin duda era la mejor de todo el colegio. Luego llegábamos a ese lugar donde compartiamos asiento al lado de nuestros compañeros de siempre... Lo pasabamos bien. Además, cada dos años (en mi caso), nos tocaba un profesor/a diferente que parecía conocernos como si nos hubiera dado a luz él/ella mismo/a. Era capaz de sacar de nosotros lo mejor, y a veces lo peor.
En este curso, me ha tocado de nuevo volver al cole. He vuelto a esas aulas que me han visto crecer. Que tanto me han enseñado. Donde tanta risa he pasado con mis compañeros. Donde muchas veces he temblado por las notas. El olor a punta recién sacada, a goma de borrar, las manchas de tiza (aunque ahora también tenemos pizarras electrónicas), las mesas rotas y talladas con nombres, las pintadas de nombres con tipex en la fachada del colegio, las pistas de fútbol... Fue impresionante volver a pisar un aula de aquel colegio, incluso ver alguna mesa que yo mismo había ocupado. Sin embargo, me ha tocado cambiarme de bando. Ahora puedo ver las entrañas del colegio. Compartir charlas y cafés con aquellos que empezaron a formarme académicamente. Y en cierto modo aún me están enseñando, pero a ver la vida desde ese otro lado. Como desde el principio, sigue habiendo buenos y malos maestros. Están aquellos que parecían buenos y son buenos, los que parecían malos y son buenos, y los que parecían malos y son malos. Algunos no cambian nunca...
La diferencia de mi vuelta al cole es que ahora tengo que sentir lo que sentían aquellos maestros encargados de evaluarnos. Y me doy cuenta, de una forma más sencilla qué profesores tratan a sus alumnos como mercancía... Se refleja en ellos mismos. Y apenas llevo dos semanas. Tengo la sensación de que he acertado de lleno con la profesión que he elegido. Esta es mi vocación. Y lo digo porque no hay nada más gratificante que ver un alumno aprender, que ver como un niño te muestra su cariño, ver como aquel torpe se supera a sí mismo... Creo que cuando consiga mi puesto seré feliz... Me sentiré muy realizado y orgulloso de que ellos den el primer paso hacia sus sueños.
lunes, 5 de abril de 2010
La Vida, cristal de bohemia.
Todos, de alguna forma u otra, hemos hecho una breve reflexión acerca de lo que conocemos como vida... Es cierto, debemos vivirla lo más feliz posible. Y en la mayoría de las ocasiones no sabemos apreciar el valor de aquellos momentos que vivimos. Lo que siempre cuenta son los "momentos de calidad", pues siempre estarán ahí. Al fin y al cabo, ¿de qué vale no recordarlos? Es lo más gratificante que nos queda.
En días como el de hoy, yo mismo me asombro de la fragilidad que es la vida. Como puede cambiarte de un momento a otro, en cuestión de horas, minutos, segundos... No sabemos cuál es el precio que podemos pagar tan solo por la rutina, y después de todo, debemos estar agradecidos. Cualquier momento cotidiano, monótono, puede ser el más letal, y pasar de eso que hago siempre a eso que jamás haré. Solo debemos ser coscientes de que en cualquier momento, aquello que más queremos puede irse para siempre, dejandonos fuera de juego. Y por fuerza propia, debemos afrontarlo.
Es increible, indignante, pero es así.
Recuerdo que cuando era pequeño, sentía que nada podría arrebatarme mi vida, mi ser, eso que yo conocía como consciencia de vida. Un concepto abstracto pero sencillo en la mente de un niño. Era capaz de imaginarme a mi mismo en situaciones adversas logrando salir ileso. Me sentía fuerte, poderoso. A medida que crecí, me dí cuenta de que todo aquello se desmoronaba paulatinamente. Ahora, me doy cuenta de la fragilidad que envuelve al ser humano. En cualquier momento nos convertimos en víctimas de decisiones propias, o ajenas. Es imposible predecirnos qué puede sucedernos. Estamos nosotros y nuestras ganas vivir, el resto nunca se sabe.
Es importante rodearnos de gente que nos quiere, que nos necesita, y que necesitamos. Siempre estarán ahí, y siempre estaremos dispuestos para las necesidades mutuas. Por eso, cuando la vida de alguien se desmorona, es importante demostrar que estarás a su lado para superar cualquier cosa. Es importante demostrar que tu mano y tu hombro están dispuestos a regalar ayuda. Y es importante, levantar a aquel que encontramos en el suelo.
Hoy, más que nunca, tengo muy claras mis prioridades. Estar en lo bueno y en lo malo, y así se me corresponderá cuando yo sea el que se derrumba. Gracias al amor mutuo entre las personas.
Apreciar los "momentos de calidad" en cuanto nos sea posible, disfrutar de ellos y seguir intentando encontrarlos, es un regalo del cielo. Puede que cuando algo suceda, estos recuerdos sean nuestro peor enemigo, pero después se convierten en el mayor de los privilegios...
Es un placer poder vivir, y amar la vida. Porque aunque la vida venga con fecha de caducidad, el amor es eterno, y es lo único que tenemos los unos con los otros.
martes, 23 de febrero de 2010
Yo, soy Europeo y del Mundo.

Tras varios años haciendo intentos en vano por conseguir mi "libertad penínsulera", por fin me llegó el momento... No ha sido a un lugar lejísimos, ha sido al país vecino, pero eso sí, a la ciudad del amor. Preciosa. Pero no tan preciosa como la persona que me llevó de la mano hasta ella... Ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida, y como primer viaje, siempre lo recordaré con más cariño que ningún otro. La Tour Eiffel, el Arco del Triunfo, la Venus de Milo, la Victoria de Samotracio, Notre Dame, la Libertad guiando al pueblo...
Al margen de lo bonito de la ciudad, la maravillosísima compañía que me acompañaba (y lo hará a todos los rincones del mundo), lo más bonito es darte cuenta de que siempre hay más allá. De que vale la pena viajar, ver, sentir y admirar. Ver que todo eso que siempre vemos en los libros, o en las imágenes de la red, puede plasmarse en nuestra retina. No importa si es todo lo que esperábamos o no, lo importante es que hay que vivir la experiencia de vivir.
Me he dado cuenta que no solo soy ciudadano de España, también lo soy de Europa, y por supuesto del Mundo. De la importancia de saber comunicarte con aquello que quieres, y no sólo oralmente (que también es muy importante). Y sobre todo, de que la compañía debe ser siempre especial. Supongo que estar inmersos en una lengua diferente nos ha hecho reflexionar, y darnos cuenta de que todo es poco, y que somos capaces de lo que queremos (en tres días hemos progresado más el inglés que en 22 años).
El Mundo está ahí, esperando a que vayamos a visitarlo...
jueves, 28 de enero de 2010
Los 7 Puñales

Este es el fin... Otras veces han habido muchos finales, pero este es el definitivo. Lo siento, de verdad. Siempre es duro dejar aquello en lo que crees, aquello por lo que luchas, pero cuando ya no puedes dar más, no merece seguir luchando.
Puede parecer que me estoy rindiendo, pero no es del todo cierto. Simplemente desisto. Desisto de regalar mi ilusión, mi entrega, y en definitiva mi cariño, a quien no me devuelve nada a cambio. Por mi parte, pesan más las decepciones que las alegrias, y eso no es justo. Lo he dado todo sin recibir nada. Sentí ganas de llorar, por tantísimos años de entrega y lucha, siempre apostando por la tradición y por regalar a este pueblo algo que yo creí que merecía. Y muchas personas lo merecen, pero he decidido que yo no voy a dárselo.
No he abandonado a nadie, eso que quede bien claro, simplemente no doy más de sí. Soy yo el que me siento abandonado. Siempre he intentado hacerlo lo mejor posible, pero creo que no he sabido crear ese ambiente favorable y de unión para que todos nos hubieramos implicado. Lo he intentado todo, y he fracasado. No voy a seguir derrochando mi tiempo, y mi dedicación, si cuando acabo no me siento lleno, satisfecho. No quiero que nadie se moleste, quiero que comprenda que no puedo seguir adelante. Tengo mi vida, mis ambiciones, y unas ganas de aprender que me superan. Y me siento oprimido, por personas (que yo considero buenas) pero que no comparten los mismos sentimientos ni los mismos principios que yo...
Como dijo un día el Rey del Pop, un maestro en el mundo de la música "El mayor pecado de todos los pecados es recibir un don y no cultivarlo, para que crezca, ya que el talento es un regalo divino". Mi objetivo era que todos juntos hubieramos hecho ese esfuerzo por realizarnos, pero ha sido imposible. He intentado que cada uno de los miembros se sienta implicado, pero ha sido imposible.
Además de todo esto, sé que muchos pensarán: "Después de todo esto, ahora lo deja". Pues con más razón. Hemos implicado a mucha gente, que ha apostado por nosotros, hemos rellenado un montón de papeles, e incluso muchas personas han invertido en nosotros con toda su buena fe. Y, a parte de mí, toda esa gente también está siendo engañada. Están dando, y no van a recibir, y yo no quiero engañar a nadie... Lo hemos ofrecido todo en bandeja, masticado, sólo tenían que tragarlo... Ha sido imposible. Yo quise quedarme para aprender aquí, aunque hubiera estado dispuesto a irme, aposté por esto. Y nada. No se puede jugar así con las personas.
Espero que todo salga bien, y si mi marcha os hace trabajar más y más duro, me alegraré, pero me decepcionaré más. Porque eso significará que nunca me respetasteis...
Quiero resaltar la pasión y la fe que he tenido siempre en esta banda, y que la llevaré siempre a fuego dentro de mí... Y que mi creación (aunque muchos me hayais ayudado) siempre vaya por delante representando a este pueblo. Un abrazo para todos.
Hasta siempre.
lunes, 21 de diciembre de 2009
Aquellos maravillosos años...

Todos alguna vez en la vida (si no miles de veces...) hemos echado la vista atrás para recordar "aquellos maravillosos años". Algunos apenas se detienen para saborear ese dulce momento de inocencia; otros, en cambio, si añoran sus dulces años de infancia como agua de mayo. Yo, desde luego, de vez en cuando le doy el placer a mi mente de viajar a tierras remotas que cada vez quedan más lejos.
En "aquellos maravillosos años" no sabíamos qué años corrían. No sabíamos qué iban a significar en nuestro futuro. Y desde luego, no sabíamos que posteriormente serían retales de nuestro deseo.
Todavía recordamos todos los momentos de ilusión que pasamos. No se olvidarán. Eramos almas desbordadas sin rumbo, sólo nos importaba disfrutar de cada momento. No importaba donde, no importaba cuando. No importaba que no nos comprendieran, pero tampoco nos importaba no poder comprender. Sólo estábamos nosotros. Todos hemos sido El Principito.
Pero como en todas las historias, debe haber una parte mala y angustiosa: la comparación. Es inevitable comparar nuestra infancia con la actualidad (todos nos hemos repetido: "cuando eras niño..., y ahora mirate"). Es inevitable darnos cuenta de cómo hemos ido dando sentido a nuestra existencia. Nos llena de melancolía pensar que jamás volveremos a ser esos seres inocentes que éramos antes. Contemplamos como nuestro día a día nos ha ido desgastando paulatinamente. Cada vez son más los problemas que debemos afrontar, y nos gustaría tener una máquina del tiempo que nos llevara a nuestro pasado. Es inevitable. De alguna forma u otra todos hemos pensado: "si hubiera sabido apreciar los momentos que viví en mi infancia...". No te tortures, es ley de vida. Estamos hechos para recordar, para encajar las piezas que nos dieron entonces para completar hoy el puzle. Para aprender desde aquellos momentos a valorar los próximos. La infacia es así, y sirve para eso. Es la base de la sociedad, y contemplar con tierna melancolía nuestro pasado nos ayuda a afrontar el futuro. ¿Quién nos lo iba a decir? Ahora nos damos cuenta. Hay que valorar la infancia. Un niño es un tesoro, y una riqueza en potencia, y es por eso que debemos cultivarla con ahínco y cariño.
Inevitablemente he tenido que hacer una pequeña modificación al poema de un grande. Antonio Machado decía que al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca has de volver a pisar (pero siempre debes recordar).
No puedes saber adónde vas sin saber de dónde vienes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
